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¿En cuánto tiempo se recupera la baja inflación?

abril 18, 2018

Marino-GonzalezMarino J. González R.- La hiperinflación de Venezuela, según las estimaciones de la Asamblea Nacional (únicas oficiales en el país), ya se encuentra en el cuarto mes. De tal manera que ya superó en duración las hiperinflaciones de Perú (1988 y 1990) y la de Chile (1973), según el recuento realizado por Steve Hanke y Nicholas Krus, investigadores de la Universidad Johns Hopkins. Si se prolonga hasta el mes de marzo habrá superado también la duración de la hiperinflación de Brasil (entre 1989 y 1990).

Todo parece indicar que al menos hasta la elección presidencial fijada para el 22 de abril de este año, el gobierno seguirá impulsando una política económica que no hará otra cosa que agravar los factores que condicionan la hiperinflación. En este caso, puede estimarse que la hiperinflación de Venezuela durará al menos seis meses. También es previsible que un programa adecuado de estabilización económica no es lo que el gobierno tiene pensado implementar. La persistencia de la actual política, entonces, puede aumentar la duración de la hiperinflación con las graves consecuencias que están conllevando para los hogares venezolanos.

De allí que sea urgente acometer los cambios de política que pudieran corregir el curso hiperinflacionario. Ya las previsiones indican que, de no haber modificación, Venezuela puede alcanzar en 2018 la tasa de inflación más alta de todas las hiperinflaciones de América Latina (comparable con la de Nicaragua en 1987).

La diferencia en la calidad de las políticas tiene efecto en la duración de las hiperinflaciones. Ello se puede apreciar cuando se analiza la evolución de procesos de hiperinflación que comparten características similares. Una comparación en este aspecto la ofrecen las hiperinflaciones que se sucedieron luego de la disolución de la Unión Soviética. En enero de 1992 comenzaron 14 procesos de hiperinflación en repúblicas soviéticas. En nueve casos las hiperinflaciones duraron entre uno y dos meses (incluyendo la de Rusia que duró un mes). En los restantes casos (5) las hiperinflaciones se extendieron por dos años o más: Tayikistán (22 meses), Turkmenistán (23 meses), Moldavia (24 meses), Ucrania (35 meses) y Azerbaiyán (36 meses). Se puede inferir que las hiperinflaciones deben ser atendidas con prontitud, de lo contrario tienden a prolongarse en el tiempo. De hecho, las hiperinflaciones de Ucrania y Azerbaiyán solo son superadas en duración por las de Grecia (1941-1945) y Nicaragua (1986-1991).

Ahora bien, no necesariamente la corta duración de las hiperinflaciones es indicativa de que la recuperación será rápida. Para ello tomaremos como criterio que la recuperación de una tasa baja de inflación implica alcanzar dos dígitos. En los nueve casos en los que las hiperinflaciones duraron entre uno y dos meses, solo en dos de ellas (Estonia y Letonia) la recuperación de una baja tasa de inflación llevó dos años. En los restantes casos llevó más tiempo, hasta cuatro años en Rusia, Armenia, Bielorrusia, Kazajistán y Uzbekistán.

El examen de la experiencia en otros países permite precisar un poco más lo que puede durar la hiperinflación en Venezuela, así como los rasgos de la recuperación. En primer lugar, el hecho de que la hiperinflación no se haya enfrentado con rapidez, es un signo de mal pronóstico con respecto a la duración. En segundo lugar, en caso de tomarse medidas para enfrentar la hiperinflación deben ser muy bien diseñadas para que la recuperación sea en el menor tiempo posible. Es claro que la manera de enfrentar la hiperinflación marcará el rumbo de la sociedad venezolana en los próximos años.

 

@marinojgonzalez

 


Artículo publicado en el diario Tal Cual. Su publicación en FinanzasDigital.com fue autorizada por su autor.



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Acerca del autor

Marino González

Marino González

Profesor Titular de la Universidad Simón Bolívar. Miembro Correspondiente Nacional No. 39 de la Academia Nacional de Medicina. Médico (UCV, 1983), Magister en Ciencia Política (USB, 1990). Ph.D. en Políticas Públicas (Universidad de Pittsburgh, EUA, 1998). Investigador y consultor de la Unidad de Políticas Públicas (FUNINDES-USB).

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