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La nueva Ruta de la Seda

julio 10, 2018

VictorAlvarezVíctor Álvarez R.- Hace más de 2.000 años, los ancestros chinos atravesaron desiertos y cordilleras para trazar la antigua Ruta de la Seda que comunicó a Asia con Europa y África. Aquellos caminos dieron inicio a una etapa de intercambio comercial y cultural entre diferentes países que -a través de la cooperación pacífica, el aprendizaje compartido, así como la complementación de capacidades y recursos para el beneficio mutuo-, contribuyeron a la prosperidad y progreso de sus pueblos.

Las Rutas de la Seda continentales y marítimas se desarrollaron simultáneamente. Famosos navegantes como Zheng He, Marco Polo y Battuta provenientes de China, Italia y Marruecos, realizaron largos e históricos periplos. Otros viajeros menos conocidos lograron la hazaña de cruzar largos desiertos, inmensas sabanas y empinadas cordilleras con caravanas de camellos, contribuyendo así a desarrollar vínculos de intercambio comercial y cultural entre Oriente y Occidente.

Al paso de los años, la Ruta de la Seda se fue extendiendo gradualmente. Así llegó a abarcar las regiones del valle del Nilo, del Tigris y del Éufrates, del Indo y del Ganges, del río Amarillo y del Yangtsé. Los mercaderes se cruzaban por los caminos al calor de un creciente e incesante fluir de intercambios de mercancías.

Mucho más que intercambio comercial

La Ruta no sólo sirvió al intercambio comercial, también fue causa de importantes innovaciones como la creación del dinero y fue una abundante fuente para el intercambio cultural, de información, conocimientos y creencias. A lo largo y ancho de estas vastas extensiones se activaron vasos comunicantes entre la civilización egipcia, babilónica, india y china, cuestión que amplió el margen de coexistencia entre distintas creencias como el budismo, el cristianismo y el islam.

China exportó hacia occidente la seda y la porcelana e importó la pimienta y las especias. Pero también conoció el budismo, el islam, la astronomía árabe, el sistema del calendario y la medicina árabes. El budismo originario de la India logró una enorme presencia en China y se desplegó por todo el Sudeste Asiático. El confucianismo nació en China y logró ser muy valorado en Europa por destacados pensadores como Voltaire.

Esta amplia gama de civilizaciones, religiones y nacionalidades fueron capaces de anteponer los puntos en común por encima de sus discrepancias. Con tolerancia y respeto contribuyeron al desarrollo de la civilización, a la apertura y a la integración. Sin importar las distancias, los pueblos caminaron y se integraron a través del intercambio, la complementación y la cooperación. A lo largo de miles de kilómetros, circularon libremente factores de producción y personas que intercambiaron mercancías, conocimientos, creencias y compartieron ganancias. Así surgió una región de mucha prosperidad y gran esplendor.

Una Franja, una Ruta

Como si no hubieran pasado más de 2.000 años desde que comenzaron los primeros viajes de comerciantes chinos a Asia Central para vender seda y porcelana, la Ruta de la Seda vuelve a resurgir. Con el nombre de Una Franja, Una Ruta,  el presidente chino Xi Jinping dio a conocer este proyecto global que ya no tiene freno y que China propone como alternativa para construir un nuevo orden económico mundial basado en los principios de la complementación y cooperación.

“Debemos crear una plataforma libre para la cooperación y defender y expandir una economía libre en el mundo”, propuso el presidente Xi Jinping en el Foro de Cooperación Internacional “Una Franja, Una Ruta”, realizado en Beijing y en el que participaron jefes del Estado de 28 países y representantes de más de 130 naciones y 70 organizaciones internacionales. Adicionalmente, Xi Jinping planteó la necesidad de crear un marco legal y entorno institucional transparente y equitativo que promueva las inversiones y facilite el desarrollo económico y el bienestar social entre los países que conforman la Franja: “Lo que queremos crear es una gran familia que conviva en armonía. Lo que esperamos lograr es un nuevo modelo de cooperación ganar-ganar”.

Inversión de $ 124 mil millones

El presidente Xi Jinping, anunció que China ha destinado $ 124 mil millones para crear la nueva Ruta de la Seda. El objetivo es construir una colosal red de infraestructuras que facilite el transporte, el comercio, la integración monetaria y cooperación de los gobiernos para el bienestar de sus pueblos. La gran mayoría de los fondos serán invertidos en la red de infraestructura como columna vertebral para facilitar el tránsito de personas, el intercambio comercial y las relaciones diplomáticas entre más de 60 países en Asia, África y Europa.

La Nueva Ruta de la Seda involucrará a más del 65 % de la población y generará un tercio del PIB mundial. La propuesta tiene defensores y detractores. Para los  críticos se trata de un plan del gigante asiático para expandir su influencia en el mundo y así poder convertirse en una superpotencia. Para sus partidarios, supone el inicio de nuevas relaciones de complementación y cooperación que ayudará a superar el malestar que dejó una etapa de la globalización que favoreció sobre todo a los países más poderosos.

Lo que está cada vez más claro es que Estados Unidos está perdiendo influencia en Asia y, a medida que avance la Nueva Ruta de la Seda, los países que forman parte de esta nueva alianza fortalecerán sus lazos de cooperación entre si y serán cada vez más independientes de la influencia y dominio de las grandes corporaciones estadounidenses.

América Latina aún tiene pendiente su integración física y comercial, mas no cuenta con los cuantiosos recursos para la construcción de la infraestructura necesaria. Ante el desdén de los Estados Unidos hacia la región, los gobiernos y pueblos del continente pudiera priorizar sus intereses comunes y promover una iniciativa semejante a la nueva Ruta de la Seda. Con base en los principios de complementación y cooperación, y mucha capacidad de negociación, es posible propiciar acuerdos ganar-ganar con China que le abran paso a una nueva etapa del crecimiento económico y del desarrollo humano integral en Latinoamérica.

 

@victoralvarezr

 

Acerca del autor

Victor Alvarez R.

Victor Alvarez R.

Economista, Premio Nacional de Ciencias. Por su trabajo de investigación y libros publicados ha recibido dos veces la Mención Honorífica del Premio Internacional "Libertador" al Pensamiento Crítico, el Premio Ensayo Crítico de la Asamblea Nacional, la Orden Arturo Michelena y el Premio Municipal al Pensamiento Político. Investigador del Centro Internacional Miranda (CIM) y profesor de "Economía política del capitalismo rentístico" en la Maestría de IDEA sobre Procesos de Integración Alternativos. Es Consultor y Conferencista Internacional. En la gerencia pública se desempeñó como Ministro de Industrias Básicas y Minería, Presidente de la CVG, Director de PDVSA, Presidente del Banco de Comercio Exterior (BANCOEX), Viceministro de Industrias, Director Ejecutivo del Consejo de Desarrollo Industrial y Gerente de Política Científica y Tecnológica del CONICIT.

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