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La importancia de ahorrar gasolina

La importancia de ahorrar gasolina
marzo 4, 2013

Por José Grasso Vecchio

Nuevamente se ha puesto sobre el tapete el espinoso tema del precio de la gasolina en Venezuela. Llenar el tanque en nuestro país es más barato que en cualquier otra parte del mundo, incluyendo aquellas naciones que, como nosotros, son productoras de petróleo. En Arabia Saudita, uno de los mayores exportadores de crudo del planeta, y socio de la OPEP, el galón de combustible se expende a 0,45 dólares. En Noruega, otro gran exportador de hidrocarburos, la gasolina se le vende a sus ciudadanos a un precio cercano al del mercado internacional: 9,63 dólares por galón.

Esta comparación, que es ya bastante reveladora, palidece cuando entramos a calcular cuánto cuesta en Venezuela un litro de refresco, de jugo o de agua embotellada, en relación con la gasolina. Como sabemos, este tipo de ejercicio nos conduce enseguida al absurdo.

De todo esto se desprende una conclusión: ¿Por qué ahorrar gasolina? No parece haber un incentivo económico para hacerlo. Muy por el contrario, los precios de nuestro mercado interno parecen ser un gran estímulo a consumir combustible, en vista de que se trata de un bien mucho más barato que el resto de los que se transan en la economía. Hay quienes señalan que estos precios explican en parte por qué en el parque automotor venezolano abundan los automóviles y camionetas de alta cilindrada y de gran consumo, en lugar de los modelos económicos, ahorradores o los “híbridos”, que proliferan en países no productores.

La verdad es que despilfarrar gasolina es una conducta económicamente equivocada. Y lo es también en Venezuela, incluso bajo el actual esquema de precios.

Los combustibles provenientes del petróleo son muy costosos. El hecho de que, como consumidores finales, no paguemos la factura completa, no los hace menos onerosos. Sus costos de producción son los mismos, y alguien debe pagarlos. Si ahorramos en el consumo de combustible, contribuimos a que estos costos se reduzcan, lo que conduce a un mejor equilibrio en las cuentas de la industria productora, del Fisco y de nuestra economía.

Ahorrar combustible equivale a hacer un uso más racional de nuestros vehículos, lo que nos conduce igualmente a economizar en todos sus otros costos asociados: el mantenimiento, los repuestos, partes, piezas e incluso la necesidad de cambiar o renovar el carro.

Todos los productos derivados del petróleo son, además, no renovables, y por tanto finitos. Cada litro de gasolina que consumimos es el último, en el sentido de que las reservas de crudo no se podrán reponer una vez que se agoten.

Pero incluso después de analizar todos estos argumentos, habrá quien todavía se pregunte ¿por qué tanta gente insiste en que hay que ahorrar en algo tan barato como la gasolina?

Hay un argumento que cada día cobra más fuerza: Es un hecho que el clima del planeta está cambiando y, por más que los científicos discrepen, despilfarrar combustibles de origen fósil, como el petróleo, e incrementar las emisiones de gases de efecto invernadero, como el que sale de los tubos de escape, no contribuirá a detener el fenómeno.

Cada galón de gasolina quemada produce unos 9 kilogramos de C02, o un estimado de entre 6 y 9 toneladas de este gas por carro al año. El consenso de una gran mayoría de científicos es que detrás de este patrón de consumo está la explicación a muchos de los fenómenos climáticos que hoy son noticia en todo el mundo. Por cierto, esto no solo ocurre en grandes países desarrollados, sino también en Venezuela, donde hemos observado recientemente sequías muy prolongadas, vaguadas, inundaciones y riesgos de disminución de la biodiversidad.

Despilfarrar gasolina, igual que cualquier otro bien, es un error. Darle un uso racional y economizarla, va mucho más allá. Es proteger nuestra economía y también un activo incalculablemente valioso: el propio clima venezolano, del que siempre nos hemos sentido tan orgullosos.