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Vivir con lo mínimo

Vivir con lo mínimo
marzo 9, 2013

Caracas/Finanzas Digital.- A menudo, la expresión “vivir con lo mínimo” la asociamos únicamente con una situación financiera precaria, en la que apenas nos alcanza para nada, excepto para cubrir las necesidades familiares básicas, como alimentación, vivienda, vestido y poco más allá.

Todos deseamos un estilo de vida en el que lo esencial esté cómodamente cubierto, y que además nos quede suficiente espacio económico para dedicarlo también al entretenimiento, la cultura, el deporte, la recreación e incluso a satisfacer algún que otro capricho no precisamente necesario. La propia naturaleza humana nos lleva a desear siempre un poco más de lo que tenemos, por aquello de que “mientras más tienes más quieres”, un dicho tan repetido como sabio.

Esta es una conducta inherente a la mayoría de nosotros. Parece que estamos diseñados para perseguir siempre nuevos objetivos, una vez que alcanzamos los que nos habíamos trazado primero. Justo cuando adquirimos ese teléfono inteligente de última generación, se nos ocurre que nos hace falta una nueva computadora. Este tipo de conducta nada tiene de malo, a menos que comencemos a desear cosas mucho más allá de nuestras posibilidades reales, y tales deseos, difíciles de satisfacer, se conviertan en una obsesión.

Despilfarro cero

Lo cierto es que la idea de vivir con lo mínimo ha comenzado a popularizarse también como un estilo alternativo de manejo de las finanzas personales, que en nada se asocia con la pobreza ni la precariedad económica, sino con un modo de vida relativamente austero, en el que, quienes así lo eligen, renuncian a muchas de las cosas que damos por sentadas en cuanto al patrón de consumo de la mayoría, en favor del ahorro, la eliminación del despilfarro y la disciplina en las cuentas.

Existe ahora toda una corriente de “minimalistas económicos”, para quienes una forma de optimizar el presupuesto familiar es identificar todo lo sobrante, lo excedentario y lo realmente innecesario, para cortarlo de raíz.

Si esta filosofía se llevara al límite, correríamos el riesgo de pensar que ir al cine, salir a cenar fuera de casa, los regalos de cumpleaños o las vacaciones, son todas cosas innecesarias. O lo que es peor, la gente confundiría rápidamente a estos minimalistas económicos con los que llamamos popularmente “pichirres”. Tacañería pura y dura.

Esa no es la idea. Uno de los principios fundamentales de los minimalistas económicos es eliminar todo lo que gastamos y que finalmente se convierte en desperdicio. El ejemplo más claro es el mercado familiar. Si realmente prestáramos atención, nos sorprenderíamos de la cantidad de alimentos perecederos, como frutas, verduras, granos, incluso pescados y carnes, que compramos en exceso, y que finalmente botamos porque pierden su estado óptimo de conservación. Sólo un poco de pensamiento racional y “minimalista” a la hora de comprar, corregiría este mal hábito.

Si llevamos esta idea un poco más allá, nos daremos cuenta en seguida de que el minimalismo económico puede aplicarse perfectamente a la mayoría de nuestros hábitos de consumo: al vestir, al utilizar las telecomunicaciones, consumir electricidad o satisfacer una larga lista de caprichos no necesariamente gratificantes.

El minimalismo es una tendencia en boga no sólo en el campo de la economía, sino también en las artes, la arquitectura, la música, el diseño y muchas otras disciplinas. La idea en todas es “deshacerse de lo innecesario” y, curiosamente, mientras más se piensa en ello, más cosas superfluas saltan a la vista.

En tiempos de crisis, como la que aún afecta a un grupo de países de Europa, estas ideas de vivir con menos han ayudado a hacer más saludables las cuentas de familias, empresas y de los propios países. No se trata de hacer de la austeridad un modo de vida férreo o poco grato, sino de aprender a reconocer lo innecesario y, por encima de todo, oponerse al derroche, la ostentación y el consumo en exceso.

Por: José Grasso Vecchio