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Entre el Big Mac, las reservas y el pabellón criollo

por Jesús Alexis González
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JesusAlexisGonzalezJesús Alexis González.- El denominado índice Big Mac—precio de la hamburguesa McDonald’s—es elaborado desde 1986 por la revista británica The Economist como una guía rápida aproximada para comparar el costo de vida entre dos países, con base a una elemental medición de la paridad del  poder de compra (PPC) al sostener que los tipos de cambio con el tiempo deben ajustarse para que el precio de una canasta de bienes sea el mismo en cada país.

Esto permite conocer informalmente si una moneda está sobrevaluada o subvaluada con respecto al US$; o lo que es lo mismo facilita “comparar” si en efecto en cualquier parte del mundo al cual llevemos un US$ y lo cambiemos por la moneda local nos permite comprar la misma cantidad de bienes (“debe” comprar la misma cantidad de bienes en un país que en otro).

A manera de ejemplo, en enero 2015 un big mac costaba en USA 4,79$ mientras que en Chile costaba 2.100 pesos chilenos a un tipo de cambio 627,49 pesos/$ reflejando un precio equivalente de US$ 3,35 con una subvaluación de 30,1% con respecto al precio USA; según lo cual el tipo de cambio “debía” ser 438,4 pesos/$ en lugar de los 627,49 del día.

En lo que se refiere a Venezuela (junio 2015), y asumiendo un tipo de cambio de 12 Bs/$ (la mayoría de las operaciones oficiales se efectúan entre Bs 6,30 y Bs 12) para un precio del big mac de Bs 610 el precio equivalente resultante es US$ 50,8 (610/12), presentando Venezuela uno de los precios ¡más altos del mundo!, con una alta sobrevaluación del bolívar y un agobiante costo de vida.

Venezuela mostró crecimiento económico durante 10 años continuos (2002-2012), apuntalado por un incremento persistente de la demanda global impulsada por una política expansionista del gasto público apoyada en los ingresos petroleros, que al tiempo resultaron insuficientes para sostener esa “expansión infinita” afianzada únicamente por el sector externo de la economía, hasta entrar en una  contracción del 10% durante 2013-2014 para un decrecimiento del PIB durante 2014 superior al 4%; siendo que esos 14 años causaron un efecto demoledor sobre las reservas internacionales (RI).

Es bien conocido, que las RI conforman el ahorro de un país constituido por recursos monetarios externos (moneda extranjera convertible en US$) que se pueden disponer de forma inmediata, y su acumulación depende de las actividades económicas de la Nación que para el caso venezolano emana casi exclusivamente de las ventas de petróleo al exterior.

Dichas RI, tienen como principal objetivo tanto cubrir “técnicamente” la base monetaria del país conformando la relación RI/base monetaria (una baja pronunciada “anuncia” una devaluación), como financiar desequilibrios de la balanza comercial de la balanza de pagos, cancelar la deuda externa, al igual que procurar la estabilidad del poder adquisitivo de la moneda nacional mediante la influencia sobre el mercado cambiario; en síntesis las RI son los recursos financieros en divisas con los cuales se cuenta para responder a los compromisos y enfrentar crisis potenciales, razón suficiente para inducir el deber de ser de su manejo atendiendo a tres criterios: seguridad, liquidez y rentabilidad.

En una sana economía los países estructuran fondos anticiclicos para soportar eventos de crisis, mientras que contrariamente Venezuela lo eliminó bajo la utopía de ingresos petroleros crecientes indefinidamente (o estables a precio alto) para hacer uso ejecutivo de los recursos de las RI a la luz de un populismo para inducir una ilusión de prosperidad en los estratos sociales menos favorecidos de la sociedad; en complemento a la entrega “descontrolada” por parte de Cadivi durante 2004-2012 de unos US$ 214.000 millones, en complicidad con la perversidad administrativa de haber retirado (hasta el 2008) de nuestras RI unos US$ 53.000 millones para ser ejecutados (gastados) incontrolablemente a través del ente gubernamental Fonden.

Es de obviedad manifiesta, que tal accionar ha contribuido a disminuir las RI  al extremo de  contar para junio 2015 con apenas US$ 16.428 millones, siendo liquida de ese monto una pequeña cantidad (efectivo o bonos rápidamente convertibles en US$) ya que el 70% está representado en barras de oro, otra  en derechos especiales de giro (DEG), por posiciones de reserva en el FMI y por participaciones en fondos de inversión y capital.

Sea propicio señalar, que nuestro país aprobó recientemente (GOE No 6.155) otra reforma a la Ley del Banco Central de Venezuela en aras de “contabilizar” (sin la anuencia del FMI) un aumento de las RI como resultado de (1) sumar los Renminbi—moneda de China que tiene como unidad básica el Yuan—recibidos a través de los programas de financiamiento desde un país que no ha establecido la libre convertibilidad de su moneda, lo cual evidentemente implica que ¡no se genera tal aumento de las RI! y (2) incorporar diamantes y piedras preciosas depositadas en las bóvedas del BCV.

Nos preguntamos: ¿Cuánto serán nuestras reservas liquidas? Y respondernos implica un acto de estimación numérica colmado de fantasía, pero de fácil visión práctica: ¡¡no hay dólares en el mercado cambiario!!

Los agudos problemas de liquidez que viene presentando el país en los últimos años, a pesar de los billones de dólares recibidos, se ha venido indebidamente “compensando” asumiendo endeudamiento externo (unos US$ 121.000 millones) y déficit fiscal en armonía con la compra de deuda a PDVSA por parte del BCV en un monto superior a los Bs 800.000 millones, que luego ser monetizado mediante la emisión continua de dinero inorgánico (no proveniente de la actividad productiva nacional) que se traslada a una despiadada inflación (para 2015 puede superar el 150%) que termina impulsando una “demanda anticipada” para bienes inexistentes hasta configurar una especial hiperinflación como consecuencia de un desprecio ciudadano hacia el bolívar, al tiempo de inducir igualmente el deseo de adquirir divisas que tampoco existen.

Ante tal escenario de falta de liquidez y desequilibrio macroeconómico, el Gobierno Nacional por la vía del BCV hubo de retirar recientemente unos US$ 1.883 millones en DEG lo cual refleja, sin duda alguna, un agotamiento de las reservas liquidas del país, habida cuenta que el DEG no constituyen una moneda como tal dado que es un activo de reserva internacional complementario creado por el FMI en 1969 para ser asignados a los países miembros de acuerdo a sus cuotas, cuyo valor en US$ se determina diariamente basándose en una cesta de 4 monedas (US$, Euro, Libra Esterlina y Yen japonés) en el entendido que cada país puede intercambiarlos por monedas de libre uso para ajustar la composición de sus reservas oficiales.

De similar significación en cuanto a la liquidez del país se refiere, es lo atinente a que PDVSA está (1) negociando con la refinería privada rusa Rosneft un crédito por US$ 5.000 millones (una parte para inversiones y otra para funcionamiento de la propia industria); (2) tramitando con China un crédito de otros US$ 5.000 millones para acumular en los últimos 10 años unos US$ 51.000 millones que se ¡pagan con crudo!; y (3) continua vendiendo sus refinerías y ahora le tocó a la de Chalmette (USA) por unos escuálidos US$ 322 millones (¡¡así estará la caja!!).

En definitiva, tanto los datos puntuales del 2015 como el rodaje de la “película” misma contentiva del comportamiento de las RI, nos anticipa una profundización del agujero socio-económico en que se encuentra Venezuela.

Finalmente, y luego de una docena de años con controles de precio con implícito congelamiento que ha propiciado una “deflación encubierta”—caída relativa de los precios “congelados” en presencia de una permanente inflación—que se ha traducido en un deterioro de los precios relativos que propicia, entre otros males, que al venezolano le sea de mucha dificulta consumir el pabellón criollo su plato típico con ingredientes (ahora no 100% nativos) como la carne, las caraotas, el arroz y plátanos, no solo en razón a que escasean los ingredientes sino que el precio promedio del menú en un restaurante oscila en  Bs 850,00 que representa un 11,5% del salario mínimo mensual (Bs 7.400) que percibe más del 70% de los trabajadores formales, si lo logra comer un solo miembro de la familia una vez al mes.

@jesusalexis2020

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