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El buen pastor

por Víctor Maldonado C.

VictorMaldonadoVíctor Maldonado.- La biblia está llena de referencias sobre los pastores. Desde las épocas más remotas viene con el género humano una actividad –la del pastor- dedicada a cuidar ovejas. Baste decir que Abel era pastor. Pero también lo fueron Abrahán, Isaac, Jacob, Job, Moisés y David. En los tiempos del Antiguo testamento todos los pastores estaban equipados con un cayado, una honda, un bolso para llevar alimentos y otro para las piedras de su honda. También tenían una tienda para protegerse de las inclemencias del tiempo.

El pastor y sus actividades se han convertido en una metáfora esencial del liderazgo. Jesús se proclamó como el buen pastor que establece relaciones de confianza y amor con su rebaño hasta el punto de lograr un vínculo de lealtad incuestionable.

El pastor tiene tres tareas esenciales:

La primera tarea es alimentar a su grey. Ser nutritivos, procurar el crecimiento con fortaleza y autonomía. Provocar ganas de conocer y adquirir destrezas, y dejar que tengan tiempo para que cuerpo, alma y mente adquieran lo necesario para progresar.

La segunda tarea es proteger del mal, las deformaciones, la desesperanza, el descuido y el vicio. El buen pastor se cuida de no perder a ninguna de sus ovejas. No se da el lujo de abandonarlas. Aconseja, dirige, tutela, advierte, consuela, da oportunidades, hace seguimiento, comprende, empuja y encuadra a cada una, sin perder la perspectiva del grupo.

La tercera tarea es guiarlas. Del buen pastor se dice que las ovejas llegan a conocerlo de tal modo que sólo responden a su llamado. Del líder reconocían su voz, y lo seguían. Por su parte el pastor reconoce a cada miembro de su rebaño en su carácter singular, cada uno por su nombre, a cada uno por sus especiales características.

El buen líder no se desentiende, no masifica, no deja de apreciar al grupo, no deja de estimularlo, pero sabe que el centro de su atención es la persona, sus expectativas, sus motivaciones y su dignidad.

Recientemente el Papa Francisco se refería a los pastores que le ayudan a dirigir su iglesia. Decía de ellos que “la gente sabe cuándo un pastor tiene esa coherencia que le da autoridad” y por lo tanto tienen herramientas para discernir quien es un verdadero líder y quien es un “falso profeta”.

Un buen líder es congruente. Intenta vivir de acuerdo a lo que predica. Evita pagar los costos de la perversidad. Y comparte con su equipo costos y ganancias. Está allí presente, en medio de todos, experimentando las mismas condiciones, y no se niega al compartir. Pero no quiere ser la oveja. Se sabe pastor y por lo tanto, se sabe a cargo.

Para Francisco las condiciones de liderazgo de todo buen pastor son tres:

La primera condición es hablar. El que dirige lo hace desde la palabra que explica, aclara, advierte, persuade, consuela y asegura. Desde la palabra se practica el magisterio que forma y educa. Pero eso no es suficiente.

La segunda condición del buen pastor es hacer. El líder hace lo que dice, es congruente, dice lo que piensa. No solo dibuja el mapa sino que está dispuesto a recorrer el camino. No solamente diseña sino que está presto a construirlo. El buen pastor se involucra en las realizaciones. Es el primero en arriesgarse a fundar realidades. No se queda en la palabra que manda y ordena a los otros sino que participa como uno más. No solo planifica sino que está involucrado en las realizaciones.Pero Francisco advierte que “el binomio hablar-hacer no es suficiente”.

El escucharnos a nosotros mismos, y el hacerlo con la tiranía de la exclusividad nos conduce rápidamente al engaño y a la vanidad. Por eso mismo debemos escuchar genuina y atentamente a los demás para no perder la disposición de aprender.

Debemos tener presente que los demás siempre son capaces de enseñarnos y reubicarnos. Son las ovejas las que advierten sobre los peligros de un lobo que acecha. Un buen pastor siempre está atento. En cambio – prosiguió diciendo el Papa – “el que escucha las palabras pero no las hace suyas, las deja pasar, es decir no escucha seriamente y no las pone en práctica, será como aquel que edifica su casa sobre la arena”.

Y – añadió –  “conocemos el resultado”, porque  “por sus frutos los conocerán”. Por la estabilidad de sus realizaciones.  Se conocerán por su actitud: tantas palabras, hablan, hacen prodigios, hacen cosas grandes pero no tienen el corazón abierto para escuchar. Es  verdad, hacen cosas buenas, es verdad, pero les falta la roca” fundacional. Y sin esta roca –  advirtió – “no pueden profetizar, no pueden construir: aparentan, porque al final todo se derrumba”.

El buen pastor espera, no se descuida, y tiene el propósito de hacer crecer a su rebaño. Es una tarea incesante y sistemática. Una tarea de silencios, palabras, realizaciones y cuentas sobre los resultados.

 

@vjmc

 

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