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La intuición es una destreza

febrero 15, 2016

VictorMaldonadoVíctor Maldonado C.- Tomar decisiones es el acto gerencial por excelencia. Pero no siempre es tan fácil, porque el entorno de nuestras empresas es muy difuso, está sometido a presiones no especificadas y de difícil codificación y además no se cuentan con estadísticas suficientes como para establecer pautas históricas.

Nuestros gerentes padecen de la angustia del eterno retorno. Cuando creen que han colectado todas las respuestas necesarias para tener el éxito, extraños dioses se divierten cambiando todas las preguntas. Y el juego comienza de nuevo. Por eso es que el gerente venezolano exitoso debe desarrollar su intuición y aprender a tomar buenas decisiones “a ciegas”, en un marco panorámico determinado por el riesgo y la incertidumbre. ¿Cómo se desarrolla esta pericia?

1. El uso de analogías para simplificar los procesos complejos

Nuestra aproximación cotidiana de la realidad la realizamos a partir del pensamiento analógico y el uso de metáforas, que nos permiten simplificar la situación y resolver circunstancias inéditas utilizando el método de la semejanza.

Como no podemos tener respuestas singulares a todas las situaciones posibles, lo que realmente hacemos son adaptaciones progresivas de soluciones que han resultado exitosas en condiciones similares. Por lo tanto debemos tomar debida nota que la primera regla para desarrollar la intuición es un uso consciente de la experiencia como fuente de aprendizaje, apoyándonos tanto en la vivencia directa como en las que se adquieren leyendo buenos libros – incluso de literatura –, viendo buenas películas e intercambiando información con otros gerentes.

2. Reconfigurando nuestros procesos de aprendizaje

Un medio incierto y amenazante es el mejor estimulante para desarrollar el aprendizaje tendencioso. Es decir, la sobrevivencia de las empresas va a estar directamente relacionada con el desarrollo de la capacidad para favorecer automáticamente unas respuestas frente a otras.

Pero estas reacciones “instintivas” no siempre son las más atinadas, porque pueden estar definidas por el pánico y la evasión natural al riesgo. La única forma de evitar el fracaso es reaprender a observar las conexiones y las covariaciones que giran alrededor de una situación. Es decir, indagar nuevamente sobre qué es lo que realmente ocurre cuando una situación acontece, y que probablemente no tiene nada que ver con lo que hasta ese momento “sabíamos”. De lo que se trata de es renunciar a la confirmación automática de lo que ya sabemos o “creemos saber” para abrirle espacio a otras soluciones posibles.

3. El poder de la imaginación y la comunicación

Para poder aprender y sobrevivir en medio de tanta incertidumbre perversa, donde pocas cosas terminan siendo como parecen, tenemos dos aliados insustituibles: la imaginación y la comunicación. Con la imaginación podemos aprender de lo que no experimentamos. Muchas veces establecemos una relación causal haciendo conjeturas sobre situaciones alternativas. Por ejemplo, ¿Se habría producido la quiebra si el gerente hubiera sabido que su principal competencia era la mercancía que entraba de contrabando?

Haciéndonos ese tipo de preguntas llegamos a comprender como funciona el mundo, sobre la base de nuestra capacidad de ver el mundo de modo distinto a como realmente es, o sea, aprendiendo de lo que no vemos. El lenguaje nos permite comunicar nuestro aprendizaje y poner a la disposición de los demás unos conocimientos cuya adquisición ha sido costosa.

4. El poder de la observación

Sherlock Holmes decía en cierta ocasión: “Craso error es teorizar antes de disponer de los datos. Sin darnos cuenta, comenzamos a retorcer los hechos, para que se ajusten a las teorías, en vez de procurar que las teorías se ajusten a los hechos”. Lo que quiso decirnos A. C. Doyle por la boca de su famoso personaje es que debemos tener cuidado de no confundir los hechos y las opiniones. Y muchos “enfoques gerenciales” son más opinión que otra cosa, aun cuando parezca más apropiado ubicarlos en el otro rango.

No sólo hay que saber recaudar la información. También hay que saber utilizarla, lo que quiere decir que ante los datos no queda más opción que recurrir a la teoría para poder interpretarlos. Pero ¿cómo sabemos si estamos utilizando una buena teoría? Mejorando nuestras destrezas de observación:

  • Distinguir las observaciones de las especulaciones.
  • Desarrollando nuestra empatía frente a los directamente involucrados en los hechos.
  • ¿Qué damos por supuesto en lo que vemos? Adoptemos otro papel para observar.
  • ¿Qué regularidades o patrones observamos? ¿En momentos distintos? ¿Con personas diferentes?
  • ¿Qué desviaciones de la norma, que excepciones o qué irregularidades observamos?
  • ¿Lo que observamos, se parece a una situación que nos sea familiar? ¿Por qué?
  • ¿Qué no vemos? ¿Qué falta? ¿Qué detalles ignoramos porque nos parecen triviales?
  • ¿Cuál es nuestra unidad de análisis? ¿Qué pasa si la cambiamos?
  • Prestemos atención a nuestras emociones y a las emociones de los demás.
  • Concentrémonos en ver, y no solo en mirar.

La gerencia moderna debe educar permanentemente su intuición, que implica aprender a gestionar el pensamiento, balanceando las dimensiones analíticas con el discernimiento. Esto a su vez nos permite aprovechar el recurso más preciado: la atención. Solo estando atentos, podremos configurar una decisión adecuada sobre fragmentos de datos, que muchas veces de lejos parecen y de cerca no son.

 

@vjmc






Acerca del autor

Víctor Maldonado C.

Víctor Maldonado C.

Egresado de la Universidad Central de Venezuela como Licenciado en Estudios Políticos y Administrativos. Maestría en Desarrollo Organizacional en la Universidad Católica Andrés Bello. Además, se desempeña como profesor de Pregrado y Postgrado en la Universidad Católica Andrés Bello. Miembro de la Junta Directiva del Centro para la Divulgación del Conocimiento Económico CEDICE.