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Sufrimiento y compasión

agosto 13, 2018

VictorMaldonadoVíctor Maldonado C.- La economía venezolana anda dándose trancazos contra el abismo. Las empresas están recibiendo los impactos de estos niveles impensables de turbulencia. Los empleados y colaboradores han visto empobrecer y hacer fútiles sus ingresos, habida cuenta del colapso de la moneda y de la incapacidad del sistema para resguardarlos de los efectos más traumáticos. No solamente porque la compensación salarial ha perdido todo sentido, también porque han colapsado los sistemas de seguridad y previsión. Nada funciona apropiadamente, y detrás de cada buena iniciativa acecha un régimen de controles y límites que corroen la confianza y hacen más difícil cualquier intento. Empero, hay que reconocer el coraje social implícito que significa que haya todavía empresas, empleos e iniciativas innovadoras.

En medio de todo esto son innumerables las demostraciones de solidaridad y compasión. Se cuentan por miles los platos de comida que se distribuyen entre los sectores más vulnerables de nuestra población, y las redes sociales dan cuenta de las redes espontáneas de cooperación para suministrar medicinas, o hacer recaudaciones y constituir fondos para intentar resolver un problema mayor. Y todo esto se hace en el contexto del empobrecimiento de todos. Pero en eso consiste la compasión, que es la reacción de empatía con el sufrimiento del otro, una cualidad de nuestra condición humana, sin importar que actuemos o no frente a cada caso. Es no practicar la indiferencia cuando al otro le va peor, y se expresa a través sentimientos y comportamientos asociados al amor, el cuidado, la confianza, la empatía, amistad, asociación y alianza.

Investigaciones recientes indican que el impulso innato de responder activamente al dolor ajeno también encuentra expresión en el trabajo, de tal manera que los empleados pueden ignorar o ralentizar el cumplimiento de sus asignaciones para atender las necesidades humanas de sus compañeros de trabajo. Algunos supervisores les parecerá extraño y contraproducente el “perder” tiempo en lamerse mutuamente las heridas, o en intentar aliviar la crisis que sufren los menos favorecidos. Pero cuidado, porque los empleados que experimentan compasión en el trabajo han reportado sentir un compromiso más profundo con la organización y experiencias positivas concomitantes como orgullo, gratitud, e inspiración.

Es más, cuando este tipo de experiencias son examinadas en grupos de trabajo, se acumulan más beneficios: unidades de trabajo con alta experiencia en compasión tienen inferiores tasas de rotación de empleados y atraen a más miembros nuevos que las unidades de trabajo más bajas en compasión. Dicho de otra manera, se incrementa el compromiso y se hacen más atractivos como lugares de trabajo. Por lo tanto, promover un comportamiento virtuoso como la compasión tiene impactos positivos en el desempeño organizacional aun cuando ella no esté inventariada dentro de los valores organizacionales promovidos por la dirección. Entre otras cosas porque provoca una espiral positiva hacia conductas prosociales y protegen a la organización en tiempos de dificultades y trauma porque es capaz de amortiguar sus efectos.

¿Cómo opera todo este proceso dentro de las organizaciones? Un equipo de trabajo se organiza para la práctica de la compasión cuando individuos, al margen de normas institucionales y sin la dirección de sus superiores observan, sienten y responden al sufrimiento de otros. Estos actos individuales de notar, sentir y responder pueden dar como resultado las siguientes acciones:

  1. Los agentes modifican sus roles y normas para incluir una respuesta compasiva.
  2. Los agentes interactúan para amplificar y ampliar las modificaciones de roles y normas que les permiten practicar respuestas compasivas.
  3. Los agentes coordinan un sistema amplificado de respuestas compasivas.

Dicho de otra manera, las organizaciones éticamente sanas dan pie y permiten que los sistemas informales ajusten respuestas compasivas para atender el sufrimiento de los menos favorecidos por la crisis. Y ante esto, los directivos y gerentes deben permitir que esos ajustes se den.

 

@vjmc

 






Acerca del autor

Víctor Maldonado C.

Víctor Maldonado C.

Egresado de la Universidad Central de Venezuela como Licenciado en Estudios Políticos y Administrativos. Maestría en Desarrollo Organizacional en la Universidad Católica Andrés Bello. Además, se desempeña como profesor de Pregrado y Postgrado en la Universidad Católica Andrés Bello. Miembro de la Junta Directiva del Centro para la Divulgación del Conocimiento Económico CEDICE.