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Aclaremos conceptos y situaciones

junio 20, 2019

Luis Fuenmayor Toro

  • Militar en una organización política, compartir una ideología o unos ideales, ser seguidor de uno o más líderes sociales o políticos, decidir apoyar y votar por tal o cual candidato, estar de acuerdo con una vía particular para resolver la crisis actual, si ésta está contemplada en la Constitución, no constituye delito ninguno ni es algo por lo cual sentirse culpable de absolutamente nada.
  • La gente puede ser chavecista, adeca, copeyana, masista, socialista, socialdemócrata, comunista, causaerrista, revolucionaria, reaccionaria, obrera, campesina, burguesa, musulmana, evangélica, católica, hindú, negra, blanca, mestiza, amarilla, simpática, antipática, gorda, flaca, enana, fea, pobre, sin que pueda ser recriminada ni insultada por ello ni mucho menos marginada socialmente en ninguna forma.
  • Las diferencias políticas, ideológicas, de opinión, de formación, no pueden llevar a la descalificación ética o moral de las personas. No se es un delincuente por apoyar al gobierno o al Presidente de la Asamblea Nacional, independientemente que altos funcionarios de ambos sectores hayan desplegado conductas delictivas. No es un inmoral quien no piense como nosotros, quien no profese nuestras ideas.
  • No se puede descalificar a nadie por el simple hecho de haber estado en un cargo alto de un ministerio, oficina, fundación o empresa del Estado, ni por pertenecer a una empresa privada alineada en alguna forma con los factores políticos existentes en el país, ni por ser miembro de un gremio, sindicato, asociación o movimiento legal del país. Se es ladrón cuando se roba, sin importar que cargo se haya o no tenido; no todos los policías tienen manchada de sangre sus manos, ni todos los manifestantes son golpistas y terroristas.
  • Cuando se insurge violentamente contra el Estado, el caso de los golpes contra Betancourt y el de la lucha armada venezolana de los sesenta, pero también el de los golpes de 2002 y 2019 y la insurgencia de Carlos Pérez, el Estado necesaria y legalmente responderá con el uso de su aparato de fuerza (policial, militar, judicial). El Estado tiene el derecho legal de defenderse y no puede ser condenado por ello. Esta función la tienen todos los estados del mundo, incluyendo al Vaticano. Lo que sí debe exigirse con vehemencia, es que la actividad represiva se lleve adelante sin violar los DDHH ni el debido proceso establecido en la Constitución.
  • En las respuestas que el Estado da a quienes se le oponen de distinta manera, debe existir una proporcionalidad entre el uso de la fuerza y la amenaza a ser sofocada. No se puede responder a gritos, insultos, piedras o bombas Molotov de los manifestantes con disparos de armas de fuego. En Venezuela está prohibido el porte de armas de fuego en el control de manifestaciones. Ésta fue una reivindicación obtenida en el pasado mal llamado cuartorrepublicano por el movimiento estudiantil venezolano.
  • Una manifestación pacífica no tiene por qué no ser permitida ni tiene por qué ser reprimida. El caso del municipio Libertador es patético y prototipo de esta afirmación. No se debe impedir la realización de manifestaciones en dicho municipio, sobre la base de la supuesta producción posterior de acciones violentas. Ésa es una excusa inadmisible y deleznable, y lo peor es que quienes hoy la esgrimen y se esconden cobardemente detrás de ella en el pasado la combatieron. No existe necesidad legal de pedir permiso para manifestar en las calles. Quienes desde el gobierno lo exigen deberían ver un video que ha circulado mucho, en el cual el propio Chávez, su adorado líder y comandante eterno, niega la necesidad de pedir ningún permiso para manifestar y dice que el permiso es la Constitución.
  • No toda acción violenta de unos manifestantes puede calificarse como intentos desestabilizadores, traición a la patria, ni asociación para delinquir, ni ataque al centinela, ni debe tener como respuesta del régimen su judicialización y mucho menos el sometimiento a tribunales militares. Ésta es una canallada y una conducta que busca atemorizar a la población para acallar las protestas. La mayoría de estos incidentes son en todo caso actos vandálicos, que deben ser tratados en otra forma. Un manifestante que proteste, por más beligerante que sea, no se lo puede tratar como un subversivo. Y esto no justifica las acciones violentas de nadie.
  • Una cosa es el grosero ventajismo electoral gubernamental, existente también en el pasado aunque de muchísima menor intensidad, y otra es que el gobierno no haya ganado nunca ninguna elección. En el pasado, los grupos izquierdistas siempre dijeron que les hacían trampas y que por eso perdían, cuando la realidad era que perdían porque no tenían suficientes votos. Eso quedó demostrado cuando Chávez gana las elecciones de 1998, a pesar del ventajismo gubernamental en su contra. A quienes en este momento de la lectura sufrieron un ataque, les recuerdo que una de las acciones ventajistas tomadas en aquel momento fue el adelanto de las elecciones de gobernadores, de manera que sus resultados no fueran influidos por la avalancha de votos que ya se sabía tendría el teniente coronel.

 

@LFuenmayorToro

 



Acerca del autor

Luis Fuenmayor Toro

Luis Fuenmayor Toro

Médico-Cirujano, Farmacólogo, Universidad Central de Venezuela y en Universidad de Cambridge, Inglaterra; Ph.D. Neuroquímica, neurofisiología, conducta animal, Universidad de Cambridge; Rector Universidad Central de Venezuela (1988-1992); Profesor Titular UCV; Investigador en Neuroquímica, Neurofisiología, Educación Universitaria, Ciencia y Tecnología. Coordinador Nacional de “De Frente con Venezuela”

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