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Torino Economics: Elecciones presidenciales de Estados Unidos: ¿un punto de inflexión para la crisis venezolana?

Torino Economics: Elecciones presidenciales de Estados Unidos: ¿un punto de inflexión para la crisis venezolana?
septiembre 21, 2020

En los últimos años el tema de América Latina y, sobre todo, Venezuela, han estado en la agenda política norteamericana, dado que este país se ha convertido en un área de influencia geopolítica dentro del hemisferio occidental por parte de países con intereses contrapuestos a los de Estados Unidos, tales como Rusia, China, Irán, entre otros, reseña el más reciente informe de Torino Economics, unidad de investigación de la consultora financiera Torino Capital.

De esta forma, el informe hace referencia al panorama a propósito de las elecciones de los EE.UU. a celebrase el 3 de noviembre, donde cabe preguntarse: ¿Qué propuestas puntuales presentan ambos candidatos para así poder afrontar la política exterior hacia Latinoamérica y  en particular hacia Venezuela?

Además, surge la duda de si ¿pretenden mantener el status quo o en verdad existen divergencias políticas e ideológicas capaces de promover la salida definitiva de Maduro del poder?

No obstante, el proceso electoral de este año se realiza bajo un escenario inédito que va más allá de la polarización política que se ubica como la más alta en la historia contemporánea de los Estados Unidos; también influyen los avances tecnológicos que ofrecen herramientas nunca vistas para captar votantes a nivel individual.

En este sentido, la combinación de ambos factores influirá en gran medida sobre el resultado de estas elecciones. Sin contar la externalidad que representa la pandemia del COVID-19, la cual ha tenido una seria influencia no solo en la mente del electorado norteamericano, sino en las promesas de los candidatos a la presidencia.

Bajo este contexto, los candidatos Donald Trump (Republicano) y Joe Biden (Demócrata), tienen una línea comunicacional o storytelling político muy claro y definido, con el cual pretenden alcanzar los votos necesarios que les permitan ganar la presidencia.

Destacándose aspectos como las posibles divergencias en cuanto a la postura a seguir por EE. UU. en los próximos años a través de su política exterior en relación con Latinoamérica y en especial hacia Venezuela, alega Torino Economics.

Política estadounidense sobre Venezuela: ¿Se busca algo más qué la democracia?

Oficialmente, la implicación estadounidense en los asuntos internos de Venezuela, especialmente en la administración de Trump tras la proclamación de Juan Guaidó como presidente interino, apunta a la restauración de la democracia en el país, resaltando que para ello se utilizaría todo el peso económico y político de EE. UU.

No obstante, el gobierno de Nicolás Maduro ha reiterado de manera sostenida que todas las acciones ejecutadas y por ejecutar se hacen en base a “intereses imperiales”, considerando la abundancia en recursos naturales, especialmente petróleo, que posee el país.

Sin embargo, al considerar el auge del petróleo de esquistos, lo que ha convertido a EE.UU. en uno de los mayores productores de petróleo en el mundo, cabe pensar que es poco convincente que su principal interés en conseguir una transición democrática en Venezuela sea solo para obtener el control de las reservas de crudo que posee el país, señala Torino Economics.

Además, si se refiere a la obtención de poder energético, a EE.UU. le resultaría de mayor interés los conflictos en el Medio Oriente por el tipo de crudo, representando un perjuicio para Venezuela, por ser  la pérdida de una de las mayores plazas comerciales dado su peso histórico en sus exportaciones, como lo es Estados Unidos.

Partiendo de lo anterior, en 2019 John Bolton, quien se desempeñó como consejero de Seguridad Nacional del presidente estadounidense Donald Trump, dijo en una entrevista a Fox Business que EE.UU. ciertamente ve beneficioso económicamente la salida del poder de la administración de Maduro, expresando que “sería una gran diferencia económicamente para EE.UU. si conseguimos que empresas petroleras americanas participen en la inversión y producción de petróleo de Venezuela”, lo cual no se aleja de declaraciones hechas por Trump, donde se señala que las intervenciones en Irak y Afganistán no han arrojado mayor beneficio económico para las empresas estadounidenses.

De esta manera, aunque no es desestimable que puede existir interés en las reservas petroleras de Venezuela, EE.UU. ha mostrado mayor preocupación por los riesgos geopolíticos que implica las alianzas desarrolladas tanto por la administración de Chávez como la de Maduro con países como China, Irán, Rusia, entre otros países con intereses contrapuestos a los de Estados Unidos, generando  el riesgo que se expanda en la región la influencia de estos países, tal como lo hizo China aprovechando la apertura que Chávez le otorgó durante su gobierno, y que le sirvió de puente hacia otros países de América Latina.

De esta forma, por la cercanía geográfica, EE. UU. ha emprendido una carrera por recuperar las alianzas con los países latinoamericanos, y por recuperar aquellos países con tendencias “perjudiciales” para el resto del hemisferio, sobre todo en tiempos de pandemia donde la debilidad estructural de estos países ha hecho que se vean altamente afectados por la epidemia y la necesidad de fuentes de financiamiento se ha visto fuertemente incrementada, explica Torino Economics.

¿Cuándo y porque EE.UU. inicia las sanciones sobre Venezuela?

Las primeras sanciones individuales implementadas con el Departamento del Tesoro de EE.UU. datan del 2008, cuando el ente ordenó el congelamiento de cuentas bancarias y bienes bajo jurisdicción estadounidense contra un grupo de altos funcionarios de la administración del difunto expresidente Chávez, alegando la existencia de evidencias de apoyo a las fuerzas disidentes de la FARC en sus actividades de narcotráfico.

Sin embargo, no fue sino hasta el año 2014, con la administración de Barack Obama, un presidente demócrata, que las sanciones comenzaron a acrecentarse durante la presidencia de Nicolás Maduro.

Tras la aprobación de la denominada Ley de Defensa de Derechos Humanos y de la Sociedad Civil de Venezuela en diciembre de 2014, en EE. UU., la administración estadounidense adquiría la facultad de imponer sanciones sobre individuos en Venezuela por violaciones de derechos humanos durante las manifestaciones antigubernamentales que tuvieron lugar ese año.

Posteriormente, en febrero de 2015, el Departamento del Tesoro de EE. UU. impuso restricciones de visado sobre varios funcionarios del Estado venezolano, por supuestas vinculaciones de actos de violación de derechos humanos y corrupción política, restricciones que también incluyeron a los familiares de los señalados.

Esta acción se repetiría en marzo del mismo año, cuando el Departamento del Tesoro de Estados Unidos procediera a congelar los activos y bienes de siete funcionarios adicionales, alegando: violación de derechos humanos, persecución política, restricción a la libertad de prensa, arrestos arbitrarios, y corrupción.

De acuerdo con el coordinador de Política de Sanciones del Departamento de Estado de Estados Unidos para aquel entonces, Daniel Fried, las sanciones “no van contra el pueblo, sino que son una expresión de solidaridad con los venezolanos, que están sufriendo graves presiones en lo político y en lo económico”.

Sin embargo, no fue sino hasta la administración de Donald Trump cuando se intensificaron las sanciones político-económicas., con la finalidad de forzar la salida del presidente Nicolás Maduro y de su régimen, considerados como amenaza extraordinaria e inusual para el gobierno estadounidense e incluso para la región entera.

¿Fracaso estadounidense?

Con la proclamación de Juan Guaidó como presidente interino en enero de 2019, a raíz del desconocimiento a nivel internacional de las elecciones presidenciales llevadas a cabo en Venezuela en mayo de 2018, la administración de Trump ha encontrado un canal de trabajo con la Asamblea Nacional del país con el objetivo de lograr una transición política en la nación petrolera y de esta forma restaurar la democracia.

A su vez, desde el 2019 se ha evidenciado un incremento de presión a nivel internacional, tanto en América Latina (por medio del Grupo de Lima y de países como Colombia y Brasil), como por parte de los países de Zona Euro, los cuales han prohibido el ingreso o traslado de altos funcionarios de la administración de Maduro a estos países, se han realizado embargos y congelado las cuentas bancarias y de activos en el exterior de estos funcionarios, así como la prohibición de compra de armamento o equipamientos militares por parte del país en el exterior. Sin embargo, este aumento de presión no ha resultado ser suficiente para desalojar a Maduro del poder.

Entre los factores que han ayudado a la administración de Maduro a mantenerse en el poder, se destacan: 1) El gobierno ha encontrado fuentes de ingreso alternativas, como la minería del oro en el Amazonas y el hecho que todavía puede hacer intercambios de crudo por combustibles.

Adicionalmente, el gobierno de Nicolás Maduro ha logrado mantener importantes aliados como China y Rusia, y más recientemente Irán, los cuales han servido de soporte financiero e impulsores internacionales, ayudándolo a sortear las sanciones sobre su administración y vetando las acciones ejecutadas por la administración estadounidense dentro de organizaciones tales como las Naciones Unidas, asevera Torino Economics.

¿Cuál es el futuro de la política estadounidense sobre Venezuela?

Aunque la política exterior suele ocupar un papel secundario en EE.UU., Venezuela ha resultado ser una promesa dentro del discurso electoral de Donald Trump, resultando ser un punto clave, hecho ante el cual Joe Biden tampoco ha sido indiferente. Es así como el tema Venezuela, se ha convertido en un punto importante de la campaña presidencial de los candidatos estadounidense.

Tanto Trump como Biden creen que el pueblo venezolano “debe recuperar su democracia” y que Estados Unidos debe liderar dicha lucha. A su vez, ambos concuerdan en que el presidente Nicolás Maduro es un “dictador”, y apoyan ampliamente a Juan Guaidó como presidente encargado.

La diferencia más marcada entre ambas propuestas está en cómo lograrlo. Por un lado, Trump plantea mantener una política de “máxima presión” contra Maduro, mientras que Biden plantea aportar por un “balance” entre sanciones y “empoderamiento” de los venezolanos.

En este sentido, se considera que en caso de que Trump resultase reelecto, no se vislumbra un cambio en sus políticas, sino más bien una continuidad y una intensificación de estas sanciones, tanto a personeros del gobierno de Nicolás Maduro, como a empresas internacionales que operen en conjunto con PDVSA y otras empresas venezolanas estatales, además, no se ve probable un escenario de intervención militar por los momentos, considera Torino Economics.

Por otro lado, algunos analistas han señalado que la posible victoria de Biden representaría una pérdida en términos de la resolución de conflicto político en Venezuela, señalando que Biden representa a los demócratas, lo que sería un obstáculo para concretar la salida del poder de la administración de Nicolás Maduro.

Por su parte, Juan Guaidó declaró que “La gran apuesta hoy de Maduro, con la cual engaña a su entorno, es hacer ver que si pierde o si gana alguna opción en los Estados Unidos a ellos les podría ir un poquito mejor”.

Sin embargo, Guaidó dirigiéndose directamente a Maduro, ha expresado que “Tu problema no es con la Casa Blanca nada más, tu problema es con el Departamento de Justicia (…), estás señalado por narcotráfico y por terrorismo”, aseverando confiar en que EE. UU mantendrá la presión sobre el gobierno de Nicolás Maduro, independientemente de si Trump es reelecto o no”.

Actualmente, Biden es el que tiene el mayor chance de ganar según las últimas encuestas del mes de septiembre, en las que formula Joe Biden – Kamala Harris aventaja a la dupla de Donald Trump-Mike Pence.

No obstante, aún queda camino por recorrer y nada está escrito en piedra con respecto a los resultados electorales, siendo los estados “swing states” (estados bisagra) los que se consideran serán determinantes para decidir quién será el próximo presidente de los Estados Unidos.

Estos territorios se caracterizan por no tener tendencia segura hacia un candidato, ya sea por encuestas o por tradición. Así, el voto latino, y entre estos el venezolano, cobra fuerza con un mayor lobby en el estado de Florida el cual, en conjunto a otros 11 estados, es uno de los calificados como “swing states”, sostiene Torino Economics.

¿La población venezolana tendrá un rol decisivo en las próximas elecciones?

Conforme con una encuesta realizada por la Universidad del Norte de Florida, aunque el número de venezolanos inscritos para votar (aproximadamente 50.000) es menor que otras comunidades latinas como la cubana (650.000), la colombiana (190.000) o la haitiana (187.000), su incidencia puede ser importante debido a la paridad de las elecciones de Florida.

En los comicios de 2016, por ejemplo, Trump derrotó a la candidata demócrata Hillary Clinton por una diferencia de poco más de 130.000 votos. Por lo tanto, en esta ocasión el voto venezolano podría acercar tendencias o incluso definir la elección en este Estado.

Otra revelación importante de dicha encuesta es que la coincidencia de los venezolanos con la administración Trump explica, en buena medida, a quién consideran como el mejor aliado para la causa venezolana y que, en este sentido, 7 de cada 10 encuestados afirmaron esto.

Entre los aliados al Partido Demócrata, 6 de cada 10 creen que Trump es el mejor aliado para lograr la democracia en Venezuela. Solo 9% mencionó al candidato de su partido, Joe Biden, 22% dijo que ninguno de los dos, y 8% que ambos serían buenos, revela Torino Economics en su informe.

Enfoque de Torino Economics

De acuerdo con múltiples sondeos y encuestas, el candidato con la mayor oportunidad de ganar es Biden. Sin embargo, hay que recordar cómo está constituido el sistema electoral norteamericano. El ganador no siempre es el candidato que obtiene más votos en total, como le pasó a Hillary Clinton en 2016, la cual también presentaba mayores probabilidades de ganar las elecciones que Trump.

Los candidatos compiten para lograr el apoyo de los llamados colegios electorales. Cada estado tiene una cantidad de votos del colegio electoral en función de su población y hay un total de 538 en juego, por lo que el ganador sería el candidato que gane 270 o más.

A su vez, de los 538 votos el estado de la Florida acumula 29 votos, siendo unos de los más grandes detrás de California con 55, Texas con 38 y a la par de Nueva York.

Lo que hace al voto en el estado de Florida, uno de los estados clave en las elecciones de Estado Unidos, convirtiendo al voto venezolano en un elemento determinante que podría inclinar la balanza a favor de cualquiera de los candidatos, sobre todo al considerar que Florida, en conjunto a otros 11 estados, es uno de los calificados como “swing states” (estados bisagra); es decir, estados que se caracterizan por no tener tendencia segura hacia un candidato, ya sea por encuestas o por tradición.

Por lo que el enfoque de cada uno de los partidos sobre el tema venezolano resultará de gran interés a la hora de adherir el voto latino.

Además, hay que recordar que esta elección no es solo entre los dos candidatos presidenciales, sino que también se decidirá sobre los futuros miembros del Congreso. Si los demócratas obtuvieran una mayoría en ambas cámaras, tendrán la capacidad de frenar o al menos retrasar las iniciativas de un eventual presidente Trump reelecto, como ocurre ahora.

Por su parte, si ganara Biden, bajo un escenario que la Cámara de Representantes lograra mantener la mayoría en el Senado, los demócratas tendrían carta blanca para realizar las reformas que desean.

Sobre las próximas elecciones en los Estados Unidos, Torino Economics considera que bajo un escenario en el que se concreten resultados alineados entre la mayoría que represente a la Cámara Alta y Baja del Congreso en relación con el partido que resulte ganador en la Casa Blanca, permitiría agilizar los procesos para generar medidas más expeditas y efectivas con el fin de la consecución de una transición política en Venezuela, lo cual es necesario dado la precaria situación de la nación petrolera que se ha visto marcadamente deteriorada en los últimos años, lo que en conjunto a la intervención de países como Irán y Rusia en al país, incrementan el riesgo geopolítico y socioeconómico en el hemisferio, haciendo necesario la construcción de alianzas y acuerdos a nivel internacional que permitan generar soluciones concretas en el corto plazo, concluye la unidad de investigación de la consultora financiera Torino Capital en su último informe.

 






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