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Economía italiana sufrirá una profunda caída del 10% del PIB en el 2020

Economía italiana sufrirá una profunda caída del 10% del PIB en el 2020
octubre 13, 2020

La Confederación General de la Industria Italiana (Confindustria) publicó que estima una profunda caída del PIB italiano, igual al -10% en 2020, con una recuperación parcial del + 4.8% en 2021. Con la crisis del COVID-19, Italia ha experimentado una contracción del PIB que hace retroceder al país 23 años. Una verdadera “tormenta perfecta”, provocada en marzo-abril por un doble choque de oferta y demanda, que produjo efectos disruptivos en la economía italiana. Con el fin del bloqueo, la demanda, que se había reducido a cero en varios sectores, ha aumentado, relanzando la actividad en la industria. Esto provocó un repunte del PIB en el tercer trimestre de 2020, a pesar de la lenta recuperación de los servicios, lastrados por el colapso de los flujos turísticos.

Sin embargo, en el cuarto trimestre del próximo año, el nivel de ingresos seguirá siendo más de un 3% más bajo que a finales de 2019 y muy lejos de los máximos de principios de 2008, en alrededor de 8 puntos porcentuales.

La debilidad esperada de la economía en el cuarto trimestre se explica por la incertidumbre por el aumento de las infecciones. Se espera que la recuperación del PIB se reanude gradualmente a partir de principios de 2021, siempre que las medidas de contención pandémica se apliquen de manera efectiva.

En los 30 años comprendidos entre 1991 y 2021, el PIB italiano ha acumulado una distancia de 29 puntos porcentuales con Alemania, 37 con Francia, 54 con España, principalmente debido a la débil –a veces nula o negativa– dinámica de la productividad laboral en las últimas décadas. Entre 1996 y 2019, Italia registró, en promedio, un aumento anual del 0,3% en la productividad laboral, mientras que en Alemania aumentó un 0,7% anual y en Francia y España un 0,8%.

Para reactivar la economía italiana y aumentar estructuralmente su potencial de expansión, se necesita un cambio de paradigma, interviniendo precisamente allí donde la dinámica de la productividad está bloqueada. Por tanto, es necesario hacer más eficiente la administración pública, aumentando y agilizando la calidad de los servicios públicos y revisando las formas en que las decisiones públicas se traducen en normas. También es necesario dar una fuerte aceleración a las inversiones públicas, decisivas para la construcción de capital físico, humano y del conocimiento, centrándose en las infraestructuras tradicionales, la investigación, la digitalización, la innovación, la formación y la sostenibilidad ambiental.

Un ejemplo positivo de estas políticas está representado por las concesiones para inversiones privadas en bienes de capital otorgadas bajo el plan Industria 4.0. Del análisis realizado conjuntamente por CSC y MEF sobre las declaraciones de impuestos, se desprende que los beneficios fiscales, en 2017, supusieron 10,2 mil millones de euros de inversiones, para 2018 las inversiones ascendieron a 15,2 mil millones; inversiones realizadas principalmente por pequeñas y medianas empresas que no habían realizado inversiones en tecnologías 4.0 antes de 2017. Estas inversiones han producido un mayor crecimiento del empleo en las empresas que se han beneficiado de la facilidad, en comparación con empresas similares que no se han beneficiado de la misma, de aproximadamente 7 puntos porcentuales.

Italia se encuentra en una encrucijada crucial: si los recursos de estos instrumentos se invierten adecuadamente, potenciando sus efectos y llevando a cabo reformas que se han pospuesto durante demasiado tiempo, el camino recorrido será el correcto. De lo contrario, Italia estará condenada a seguir siendo un país en declive, agobiado por una enorme deuda pública que no podrá saldar.

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Fuente: Confindustria

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