Socialismo y Capitalismo de Estado, mismo monje diferente sotana

Luis Rafael Camero

Luis Rafael Camero.- El socialismo desde el punto de vista científico es un sistema económico de producción y organización social en el cual todos los factores de producción, así como las fuerzas de trabajo se encuentran en poder de la sociedad. De acuerdo al marxismo se establece la propiedad colectiva o social de los medios de producción desapareciendo la propiedad privada de dichos medios. Esto supondría el control por parte de los colectivos sociales organizados de la economía: de las industrias, centros de distribución y explotación de recursos.

Desde un punto de vista teórico y doctrinal resulta atractivo; despojar a los avariciosos y siempre egoístas capitalistas del control de los bienes de producción.

Pero desde un punto de vista pragmático y extendiendo del concepto (lo cual sucede en realidad), tenemos dos aspectos inquietantes: primero implicaría también despojar al trabajador de la propiedad sobre su fuerza de trabajo; es decir hasta ahora el sistema de explotación burgués le otorga la capacidad de decidir a quien vende su trabajo, al encontrarse socializado el trabajo, es la sociedad organizada quien determina el destino de la fuerza de trabajo, el hombre pierde la libertad de elección. En segundo lugar, ¿Qué o quién representa a la sociedad?.

De acuerdo a las primeras posiciones marxistas serían los comités de trabajadores, como el resultado final del proceso histórico que según su ideario y programa marcarían la transición del capitalismo al comunismo, antes necesariamente se debería transitar por la “dictadura del proletariado”, donde los obreros asalariados tenderían el control del Estado. Ahora ¿Se encuentran las estructuras del Estado de los países socialistas bajo el control de los trabajadores? o ¿Se encuentra bajo el control de una burocracia centralizada? Ya en 1986 Peter Binns[1], reconocido marxista argumenta la formación en la URSS de una burguesía estatal centralizada separada de las organizaciones obreras y el aparato represor de ese Estado suprimiendo los derechos elementales de disidencia y critica de la clase obrera. En América Latina es singular el control del Estado Cubano por parte de los Castro (de conocidos orígenes burgueses y terratenientes) como parte del control de los trabajadores sobre todo después de 40 años de gobierno.

La implementación del modelo socialista se ha intentado en casi todos los países, menos en aquel para el cual fue diseñado: Inglaterra. La Rusia semifeudal de principios del siglo XX no parecía un buen escenario para ello. Esto llevo a los líderes soviéticos a iniciar un proceso acelerado de industrialización de su economía, para ello se inició el proceso de producción orientado en el principio de la acumulación de capital, en lugar de orientarse al consumo y satisfacción de las necesidades de la sociedad, como lo demanda el programa marxista. Todo esto organizado desde el Estado, en lugar de la iniciativa privada, de esta forma Rusia pasó a convertirse en una enorme fábrica bajo la dirección no de los trabajadores sino de una burocracia estatal separada del interés de la clase trabajadora.

Los países socialistas no fueron los únicos en experimentar el surgimiento de este fenómeno, en occidente en particular en los piases emergentes, la acumulación de recursos financieros por los elevados precios de las materias primas luego de la posguerra, facilitó el capital necesario para la industrialización de estos países, con la inspiración del éxito de las políticas keynesianas y los auspicios de la CEPAL, de fuerte corriente izquierdista, se inició un proceso acelerado de industrialización, pero a diferencia de lo sucedido en Inglaterra, éste no fue emprendido por inversores individuales o corporativos privados con el objetivo de acumular capital, sino fue llevado a cabo por el Estado. Esto con gran entusiasmo, pues la idea inicial era que una vez se hubiera consolidado serían traspasadas al sector privado. Esto último nunca ocurrió convirtiéndose estas empresas en barriles sin fondo para los fondos públicos, en virtud de la conocida ineficiencia del Estado en la administración de empresas.

Así los países occidentales emergentes imitaban el ejemplo soviético del Estado capitalista, solo que a diferencia del bloque soviético donde el control de producción por parte del Estado era parte del control social de la clase política, aquí se trataba de frenar la acumulación de capital por parte de la iniciativa privada, en particular de los nacionales, para evitar la formación de una burguesía solida que pudiera participar de manera activa en la organización política de la sociedad. Esto explicaría las ventas a compañías extranjeras de la mayor parte de las empresas estatales durante los procesos de privatización de los años 90.

En el caso particular de Venezuela, el proceso de industrialización fue iniciado bajo el régimen dictatorial de Pérez Jiménez. Con la afluencia de las inversiones petroleras y el aumento del gasto fiscal originados por los impuestos a la industria petrolera, que hasta entonces operaba con inversiones de transnacionales, el ingreso per cápita paso de Bs. 3.592 a Bs. 4.880 de 1950 a 1957 y la tasa de inversión paso de 24% a 30% para el mismo período. En 1950 se crea la CANTV (C.A. de Teléfonos de Venezuela) y la Corporación Nacional de Hoteles y Turismo, entre muchas otras empresas que incluyeron diversas áreas de la economía venezolana, se pensó que el Estado debía asumir este riesgo por la falta de capitales del sector privado para realizar estas inversiones de riesgo, y que una vez las empresas estuvieran maduras, el sector privado podría asumirlas, pero eso no fue así, en Venezuela el sector empresarial estatal se acostumbró a tener pérdidas permanentes y a que las mismas fueran financiadas por el fisco nacional, incluso con endeudamiento externo. Sumado a ello la política de sustitución de importaciones planteada por la CEPAL, quien defendía que la diferencia entre los países ricos y los pobres era causada por la desigualdad de los términos de intercambio. A partir de 1958 se puso en marcha esta política, mediante el decreto “compre venezolano” que determinaba que, si un producto tenía el 25% del valor agregado, se debía preferir en sus compras por los despachos oficiales en lugar del importado. La política de sustitución de importaciones trajo consigo el alza de los impuestos aduaneros y la creación de barreras a las importaciones de toda índole incluyendo las licencias especiales de importación. No obstante, los bienes de capital e insumos estaban libres de aranceles y valores de importación, sumado a una política de financiamiento del sector industrial a tasas y plazos preferencias con respecto al mercado.

Desde el punto de vista del bienestar económico el consumidor venezolano tenía un producto de un precio superior a los mercados internacionales pero muchas veces de calidad inferior. En términos de reducción de las importaciones de bienes terminados estas fueron sorprendentes pues paso de Bs. 2.532 millones en 1958 a Bs. 1.427 millones en 1968. Pero en términos de acumulación de capital fue un fracaso, pues al mantener los bienes de capital y productos intermedios de uso industrial libres de aranceles, no estimuló la formación de capital fijo, también llamada acumulación de capital, en el mercado local, favoreciéndolo en los mercados internaciones. Desde el punto de vista social dio como resultado la migración de una masa campesina a las ciudades sedes de los centros industriales, donde al no tener la calificación técnica requerida pasaron a formar los cordones de miseria de las principales ciudades del país, dependiendo de un cargo en la administración pública a como diera lugar, de ahí que a raíz del populismo criollo pasaron a engrosar las exagerados nóminas de los institutos públicos.

La llegada de la revolución bolivariana no significó un cambio a mejor de esta situación, por el contrario, las escasas empresas industriales de capital privado fueron expropiadas o cerraron ante la reducción de los mercados ante las restricciones a los mercados internacionales por los férreos controles de divisas desde hace ya casi dos décadas de rigor. Las empresas estadales y las de reciente expropiación no pasaron al control de las masas trabajadoras, por el contrario, son objeto del fuerte control por parte de una larga lista de ministerios públicos e institutos que regulan su actividad, la cual en virtud de su ineficiencia, han reducido su producción en más del 80% de su capacidad instalada.

En resumen, podemos concluir que el manejo de la industria y la economía en general dentro de los países socialistas en nada se diferencia del capitalismo de estado implementado en los países occidentales emergentes capitalistas, solo las etiquetas y el marketing marxista dieron la diferencia.


[1] Marxism and the Modern World, marzo 1986

Acerca del Autor

Este sitio web utiliza cookies para mejorar su experiencia. Puede continuar si esta de acuerdo, pero puede optar por no participar si lo desea. Acepto Leer más

Privacidad & Política de Cookies