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Apuntes de una Cuarentena: Alianzas

por Luis Gerardo García
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Luis Gerardo García.- Suele ser un cliché literario comenzar un escrito con una definición del Diccionario de la Real Academia Española. Más aún, en incontables programas de televisión hacen mofa de tal recurso: “El diccionario define valentía como la cualidad de los valientes”, y así por ese estilo. Pero en este caso, el recurso aplica muy bien, así que por ahí comenzamos:

El Diccionario de la Real Academia Española define “Alianza” como “el acto de unirse, o coligarse, para un mismo fin.” Esta definición es pertinente para una figura que se está mostrando mucho en estos días, en la que el Estado cede activos productivos a entes privados, con la intención de que de que éste los opere y genere utilidades que son distribuidas bajo un esquema de ganancias compartidas. Estas alianzas, que se han dado en múltiples formas, han significado un cambio del Estado empresario que observamos hacia finales de la primera década de este siglo, y acomoda a un sector privado que tiene intereses y objetivos distintos, pero no mutuamente excluyentes, a los de su socio público.

Estas figuras de coparticipación no son extrañas en el mundo: en los últimos años ha habido un impulso para optimizar la participación del Estado en la actividad privada, conjugando las necesidades de mantener estructuras de control con la maximización de resultados económicos y la minimización de los recursos públicos hacia proyectos que requieren financiamiento en cuantía. Es por ello por lo que se han popularizado esquemas de Participación Público/Privada (PPP) en varios países, en especial en proyectos de infraestructura, con reglas y normativas definidas.

En Venezuela, el marco legal de las alianzas es muy amplio. En ocasiones, las alianzas se han amparado en la llamada “Ley Antibloqueo”, pero también se han establecido alianzas bajo otras leyes vigentes como la “Ley que promueve y regula las nuevas formas asociativas conjuntas entre el Estado, la iniciativa comunitaria y privada para el desarrollo de la economía nacional” de 2012. Independiente del marco jurídico que se invoque, pareciera que el Estado entiende que, como como dice el refrán, el que mucho abarca poco aprieta, y que su rol dentro en el escenario nacional se ve grandemente mejorado si se concentra en actividades de corte político y cede el manejo de la actividad comercial y operativa a entidades privadas con conocimientos en estas materias.

Por otra parte, después de las experiencias recientes en los últimos años es comprensible cierta reticencia del sector privado a participar en estos esquemas. Por ello, es aconsejable que el Gobierno reitere su compromiso con la permanencia de estas figuras de alianzas y despeje cualquier duda que actores privados puedan tener, de manera que les dé confort para participar como contrapartes constructivas en estos esquemas. Solo así se podrá conseguir que las alianzas venezolanas sean un claro ejemplo de la definición del diccionario.

@VzlanaF

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