Inicio Cinta ¿Qué implicaciones conlleva el estatus de “moneda de curso legal”?

¿Qué implicaciones conlleva el estatus de “moneda de curso legal”?

por kacosta
Criptos - Bitcoin - economia digital

Diego De Freitas– Recientemente se aprobó en El Salvador la incorporación del Bitcoin como moneda de curso legal. La criptomoneda estará operando a partir del 7 de septiembre de manera formal en el país junto al dólar estadounidense, el cual funge como moneda oficial desde el año 2001. La medida ha traído aplausos por parte de los partidarios del Bitcoin y escepticismo a los ojos de las autoridades regulatorias del mundo.

En Venezuela se observó un experimento similar mediante la introducción del Petro en el año 2018 como moneda de curso legal. En este caso, sin embargo, hasta los defensores de las criptomonedas criticaron el proyecto por la falta de descentralización (una de las características fundamentales de toda criptomoneda) que presentaba el Petro al ser manejado por el Estado venezolano.

Tres años después se hace difícil ver algún rastro del Petro en transacciones, consumo, ahorro, salarios, pacto de deudas y demás actividades que involucran el uso de la moneda. Sin embargo, sí se observa con claridad una economía cada vez más dolarizada pese a que el dólar estadounidense no sea aceptado de manera oficial como moneda de libre circulación en el país. Considerando esta disparidad observada, cabe preguntarse: ¿qué confiere realmente el estatus de moneda de curso legal y cuáles son los impactos de la introducción de una nueva moneda en la economía?

Una moneda de curso legal es cualquier forma de dinero que sea aceptada por el sistema de justicia del país como medio de intercambio y medio de cancelación de deuda, tanto pública como privada. La aceptación legal de la moneda puede ser ampliada a: pago de impuestos, cancelación de multas o daños efectuados a terceros acordados por la ley, así como la denominación de contratos. La ley estipula que una moneda de curso legal puede ser aceptada para cualquiera de estos fines, mas esto no le da un carácter obligatorio. Empresas y consumidores pueden comercializar productos y servicios mediante cualquier método de conveniencia siempre y cuando ambas partes lo acepten. Únicamente instituciones pertenecientes al sistema financiero, como los bancos, por su carácter acreedor, suelen verse obligados a pactar los préstamos en términos de la moneda de curso legal del país.

Conferir a una divisa el estatus de moneda de curso legal tendrá mayor incidencia en la economía en la medida en que sustituya totalmente a la moneda de curso anterior (dolarización, eurización) o circule simultáneamente con ella (sistema dual de monedas). La sustitución de la moneda representa una medida más contundente y permanente a partir de la cual todos los agentes se ven obligados a adaptarse. En cuanto a un sistema dual de monedas, el impacto sobre la economía dependerá en gran medida de las características particulares de la moneda adoptada y los incentivos que su uso generalizado produzca en la población e instituciones del país.

Un sistema de sustitución de moneda tiene sus ventajas y desventajas de las cuales no es fácil divisar un resultado en concreto. El debate sobre la dolarización en Venezuela continúa abierto y resulta difícil concluir si representa la mejor opción para el país, al menos en el largo plazo. Sin embargo, si se puede concluir que, para cualquier país, el banco central termina siendo el principal afectado de esta medida.

Al sustituir la moneda nacional por una divisa, la autoridad monetaria del país pierde ciertos atributos regulatorios al ceder el control sobre la emisión de la moneda. En la literatura económica esto se define como pérdida de la soberanía o autonomía monetaria. En primer lugar, el banco central y el Gobierno dejan de percibir ingresos por señoreaje. Esto es, los ingresos que se perciben por la capacidad de emitir una moneda cuyo costo de emisión en menor a su valor nominal. Adicionalmente, la autoridad monetaria deja de estar en capacidad de hacer uso de la política monetaria y cambiara para hacer frente a desequilibrios macroeconómicos. Otra desventaja es que el banco central pierde su capacidad de actuar como prestador de última instancia ante una eventual crisis bancaria. Por el lado positivo para la economía en general, asumiendo que se adopte una moneda que goce de estabilidad internacionalmente, disminuye el riesgo de inflación y depreciación del tipo de cambio.

Hay que recalcar, sin embargo, que la sustitución de la moneda nacional no representa una solución mágica a los males que aquejan la economía de un país. Si los desequilibrios macroeconómicos provienen de la implementación de políticas públicas ineficientes, entonces este tipo de remedio será superficial, quedando aún problemas de fondo por resolver.

Históricamente, la inflación o hiperinflación y la constante depreciación del tipo de cambio, son los factores que han tendido a llevar a economías enteras a la incorporación de alguna divisa, ya sea de forma parcial o completa, de manera informal o bajo la ordenanza de las autoridades. En otras palabras, la sistemática pérdida del valor de la moneda en curso. La aceptación de una divisa entonces dependerá de la medida en que pueda cumplir con las funciones de dinero (medio de intercambio, unidad de cuenta y depósito de valor) de mejor manera que la moneda actual.

Desde el punto de vista de los consumidores, la adopción de otra divisa dependerá de los incentivos que pueda generar como mejor vehículo de ahorro y método de pagos en comparación a la moneda de uso. En países que han padecido de altas inflaciones la estabilidad en el valor de la divisa adoptada ha servido como medio de protección para la población. Estabilidad es una palabra clave aquí, la cual está relacionada a la confianza que se coloque sobre la moneda (e indirectamente sobre las autoridades que la controlen). Para las empresas e instituciones financieras del país el uso generalizado de una nueva moneda dependerá de las ventajas que transmita a la hora de maximizar beneficios o minimizar costos.

Un sistema dual también implica ciertos riesgos. Bajo este formato la banca puede aceptar depósitos y emitir préstamos en dos tipos de moneda. Esto crea riesgo de solvencia ante fluctuaciones del tipo de cambio entre ambas monedas, cuando en el balance general por el lado del pasivo se tiene una alta concentración de depósitos en moneda extranjera mientras que por el activo los préstamos y otros activos son denominados mayormente en la moneda local. Una depreciación repentina del tipo de cambio eleva el tamaño de los pasivos mientras que el valor de los activos se mantiene inalterado en comparación, creando presiones sobre la capacidad de atender las obligaciones del banco. En el sistema financiero venezolano las captaciones en moneda extranjera han tendido a ubicarse alrededor del 60% del total de las captaciones. Pese a que es un porcentaje alto, por el lado del activo la banca dispone de igual manera de depósitos en moneda extranjera y por otra parte la cartera de crédito se encuentra en la actualidad indexada al tipo de cambio atenuando el riesgo de solvencia ante depreciaciones del tipo de cambio.

Las empresas se encuentran igualmente expuestas a variaciones en el tipo de cambio en la medida en que se endeuden en monera extranjera y perciban ingresos en moneda local. Depreciaciones del tipo de cambio disminuyen el valor real de los ingresos e incrementan el de sus cuentas por pagar. Vemos entonces que la adopción de otras monedas puede promover nuevas vías de financiamiento que, si bien pueden aumentar la producción, no obstante, exponen a deudores y acreedores a riesgos de solvencia.

Se puede comprender entonces como el Petro, a pesar del estatus legal que posee, no ha podido permear en el sistema financiero venezolano en comparación al dólar. El primero, a diferencia del segundo, simplemente carece de confianza por parte de la mayoría de los agentes económicos para utilizarlo en sus transacciones diarias. El Bitcoin se encuentra en la actualidad alrededor de los 30.000 dólares. Queda por verse la incidencia que tendrá a futuro en la economía salvadoreña. Si bien se pone en duda que padezca el mismo destino que el Petro en Venezuela, también cabe plantearse la interrogante sobre su capacidad de competir contra el dólar en El Salvador y, en última instancia, la capacidad de las criptomonedas de plantarse como un sustituto real al sistema de monedas fiduciario.

Autor: Diego De Freitas/Analista en GlobalScope

Artículos Relacionados

Este sitio web utiliza cookies para mejorar su experiencia. Puede continuar si esta de acuerdo, pero puede optar por no participar si lo desea. Acepto Leer más

Privacidad & Política de Cookies