Y otra vez la reconversión…

Luis Rafael Camero

Luis Rafael Camero.- El reciente anuncio por parte del Banco Central de aplicar una nueva reconversión monetaria eliminando seis ceros a la moneda marca para el país su tercera reconversión en menos de trece años, proceso que como muchos recordarán inició en 2008 con la implementación del Bolívar Fuerte, repitiendo en 2018 con el Bolívar Soberano. Para agosto de este año los venezolanos amaneceremos con un nuevo cono monetario, imaginamos que llevará el mismo nombre con un nuevo adjetivo calificativo, de esos a los cuales las administraciones del nuevo siglo nos tienen ya acostumbrados.

De esta manera solo la administración actual se endosará en su haber dos reconversiones en solo tres años, eliminando solo en este tiempo once ceros. Sin ánimos de ser profeta, esta nueva reconversión será poco o nada lo que aporte en beneficio para la economía nacional, pues al igual a las dos anteriores será implementada en solitario, sin el acompañamiento de medidas paralelas que hagan eficiente la medida.

Desde un inicio, estas han sido puestas en práctica sin una adecuada reforma fiscal que lleve a una disminución sustancial del gasto público corriente que reduzca el déficit fiscal, sin una efectiva reforma tributaria que haga eficiente la recaudación del fisco y sin una adecuada y real apertura del mercado cambiario, estas para solo hablar de las medidas económicas básicas que deben acompañar una política de reconversión que pretenda realmente corregir un proceso hiperinflacionario. Sin ellas cualquier reconversión, dará el mismo resultado positivo que se ha obtenido esta ahora; ninguno, con la única salvedad, quizás, del ahorro de tinta a la hora de escribir las magnitudes monetarias o hacer viable las operaciones en calculadoras portátiles.

Por otra parte no debemos olvidar el principio básico y sin el cual ninguna moneda puede servir de espécimen de cambio; la confianza de los agentes económicos en el valor que representa dicha moneda. Esto último es simple y elemental; el venezolano expresa precios y transa sus operaciones en términos de dólares americanos por la simple razón que ve en la moneda norteamericana un depósito confiable de valor, lo que no percibe en el caso de su propia moneda.

Insistir en este tipo de medidas pone de manifiesto a una renuente actitud de aceptar lo que cualquiera versado en la materia podría y de seguro ha sugerido, o una simple y resuelta determinación de correr la arruga del problema hiperinflacionario, situación que no podemos imaginar con cual objetivo, pues todo el discurso que emana del Palacio de Gobierno apunta a querer permanecer en el ejercicio del poder por varios años más, lo que deja una arruga que de tanto correrla en algún momento se tendrá necesariamente corregir sin imaginarnos a que costo y en cuales circunstancias.

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