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Apuntes de una Cuarentena: Refidomsa

por Luis Gerardo García
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Luis Gerardo García.- El 19 de agosto pasado, las agencias de noticias internacionales hicieron eco de la venta de la participación de 49% que Petróleos de Venezuela (PDVSA, a través de PDV Caribe) poseía sobre Refinería Dominicana de Petróleo (Refidomsa). Esta venta, según las notas de prensa, se hizo al Gobierno de República Dominicana, quien posee el 51% de Refidomsa. En circunstancias normales, esto no habría sido sino un movimiento corporativo más – al fin y al cabo, todos los días empresas de mayor o menor tamaño toman decisiones de inversión y desinversión de distintos tamaños y significancias. Pero, en el caso de Refidomsa, y al margen de la carga política que estas noticias representan en Venezuela, hay varios elementos que hacen esta operación peculiar, por decir lo menos:

  • Desde 2018 PDVSA ha estado limitada en su accionar por la imposición de sanciones, que a su vez ha afectado el movimiento de sus cuentas bancarias.
  • Esta situación es esgrimida por PDVSA para justificar el estado de atraso en su endeudamiento. Además, la deuda emitida por PDVSA no puede ser transferida entre tenedores, por lo que no existe un mercado secundario abierto donde se negocie la misma.
  • Como resultado, PDVSA ha sido marginada del sistema financiero internacional, sus bonos han entrado en default y se negocian de forma muy restringida, lo que afecta la formación de un precio marcador.

Con este background, PDVSA acuerda con un intermediario el canje de las acciones de Refidomsa por deuda (que suponemos es de PDVSA). A su vez, este intermediario vende esta participación accionaria en Refidomsa al Gobierno Dominicano por $88 millones. Esta transacción ha sido etiquetada como negativa para PDVSA, pero ¿en realidad lo fue? Tratemos, con la información disponible, de responder a esta pregunta.

En 2010, PDVSA adquiere del Gobierno Dominicano 49% de las acciones de Refidomsa, por $135 millones. De acuerdo con los estados financieros auditados de PDVSA, dicha participación fue registrada bajo el método de participación patrimonial, con lo que el valor contable de las acciones de Refidomsa poseídas por PDVSA variaría en función de su resultado y de los dividendos que esta le pagaría a la petrolera venezolana. Así, ese valor inicial de $135 millones en 2010 fluctuó a $73 millones, $186 millones y $178 millones en 2011, 2012 y 2013, respectivamente.

Es en 2014 cuando se dificulta el cálculo de la valorización de Refidomsa para PDVSA. En ese año, el Gobierno Venezolano decide compensar las deudas que algunos países del Caribe tenían con Petrocaribe, esquema de asistencia y financiamiento de ventas petroleras establecido en 2009. Como ejemplo, la deuda de República Dominicana con Petrocaribe sumaba más de $4.000 millones, que República Dominicana negoció pagar con productos de exportación y que Venezuela aceptó. A partir de ese año, la revelación en los estados financieros de PDVSA sobre el valor de Refidomsa se hace más compleja, toda vez que se incluye el efecto de las compensaciones de deuda Petrocaribe.

Por otra parte, la contraprestación de la venta de las acciones fue el traspaso de la deuda de PDVSA a un descuento importante. Según reportes de noticias, la deuda fue reconocida a un 24% de su valor nominal; en otras palabras, PDVSA recibió deuda por $88 millones que tenía un valor de $366 millones, según nuestro cálculo. Dependiendo del tipo de deuda que hayan recibido, hay un ahorro en el servicio de la deuda (que potencialmente pudiera ser de $43 millones, si asumimos que se retiró la deuda con la mayor tasa de interés), y un ahorro en el repago de la deuda de $278 millones, si asumimos que PDVSA la retiró contablemente de sus libros.

Entonces, ¿Fue un buen negocio? Con los elementos que se tienen, es muy difícil declarar un “ganador” o “perdedor” en esta transacción, al margen que esa visión maniquea de los negocios nunca es buena consejera. Pero si podemos decir que PDVSA gana por reducir su endeudamiento (marginalmente, eso sí) y su carga financiera (si la deuda entregada era la de mayor tasa de interés). Por otra parte, no podemos, con la información disponible, determinar si $88 millones era un valor razonable para el 49% de Refidomsa porque no podemos trazar su valor contable en los estados financieros de PDVSA ni los flujos de caja que le generaron por 11 años de propiedad. Tampoco conocemos el resultado de posibles dividendos que hubieran podido haberse declarado en estos últimos años y que no fueron pagados por las limitaciones antes mencionadas. Y, finalmente, hay un valor en disponer un activo que, dadas las circunstancias actuales (y sin querer calificar dichas circunstancias), no representaba un flujo de caja para la petrolera y dificultaba su operación. Finalmente, el verdadero valor al analizar esta transacción no reside tanto en saber si PDVSA hizo una buena negociación, o si la transacción pudo haber sido más beneficiosa, o qué se habría podido sacar de la misma. La conclusión más relevante de todo nuestro análisis es que la falta de claridad en la información complica la objetividad y evita una interacción constructiva de cara a la toma de decisiones inclusiva en un país que tanto lo necesita.


@VzlanaF

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